UN SALUDO DE PARTE DE DIOS

A Tito, verdadero hijo en la fe que nos es común: Gracia, misericordia y paz, de nuestro Dios Padre y del Señor Jesucristo nuestro Salvador. (Tito 1.4)

Hoy quiero traerle a cada uno este saludo de parte de nuestro Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo. Para ello ponga su nombre en lugar de Tito.

Tenemos también nosotros una fe en común, como dice Pedro en su segunda carta “una fe igualmente preciosa” (2 Pedro 1:1) El saludo es el deseo de bendición, Gracia, misericordia y paz.

 La Gracia de Dios aparece en el nuevo testamento 170 veces, la multiforme gracia de Dios como dice 1Pedro 4:10 esa que nos da inmerecidamente todas las cosas, espiritualmente nos sostiene a través del Espíritu Santo y materialmente nos provee. En todo momento nuestro Padre celestial derrama su gracia sobre nosotros sus hijos.

Gracia quiere decir todos los favores y dones de Dios, dones buenos y perfectos; y favores se refiere a todas las cosas buenas y beneficiosas que nuestro Padre eterno nos da y hace por nosotros, ya sean físicas, materiales o espirituales.  En esta misma carta (2:11-14), el apóstol nos dice que la gracia de Dios nos enseña a vivir como discípulos del Señor Jesucristo y nos enseña a permanecer en la esperanza gloriosa del regreso de nuestro Señor y Rey. La gracia de Dios nos redime y purifica para que seamos Su pueblo celoso de buenas obras.

La misericordia implica la ayuda de Dios por amor. Surge en su corazón amoroso, Dios tiene misericordia de nosotros porque nos ama. En los distintos idiomas bíblicos la palabra misericordia tiene diferentes definiciones: en el griego, en la cual está escrita la carta se refiere a la bondad, en hebreo, la referencia es el actuar a favor con amor y en el latín que es el original de nuestra traducción bíblica define la idea de compasión.

En suma, estas definiciones nos llevan a la idea de que Dios tiene misericordia con los necesitados y los que sufren, y su palabra nos dice que debemos apelar a su misericordia cuando estamos necesitados o en sufrimiento, la mayoría de los Salmos apelan a la misericordia de Jehová nuestro Dios. También nos dicen que el Señor está atento al clamor de los justos. Nuestro Padre nos escucha y acude en nuestra ayuda, Su Palabra nos dice que Él es nuestro ayudador.

La paz era un saludo muy común hasta no hace mucho tiempo entre nosotros, un deseo lógico luego de recibir la gracia y la misericordia. Además de la idea de tranquilidad, es la completa plenitud y seguridad en Dios y también de unos con otros y consigo mismo.

La gracia y la misericordia vienen del Padre y nosotros no tenemos intervención en cambio en la paz tenemos influencia directa, paz es la ausencia de guerras y de conflictos, pero también depende de cómo afrontamos las dificultades.

Hoy el mundo entero perdió la paz y no es por las guerras, que las hay en distintos lugares, la ha perdido por el virus, con el cual no sabe cómo combatir. Una peste que muchos dicen es enviada por el altísimo y estaba profetizada. Otros que fue producida a propósito por razones espurias, difícil saber la verdad.

Pero hay algo si muy claro, los hijos de Dios debemos rogar a nuestro Padre apelando a su misericordia que derrame su Gracia sobre este mundo y provea la solución a esta pandemia. Y unidos a El obtengamos la paz, que nosotros sus hijos no caigamos en la desesperación de los que no tienen esperanza y por el contrario podamos como pidió Francisco de Asís seamos instrumentos de su paz. El Señor Jesucristo dijo: La paz les dejo, mi paz les doy; Yo no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se angustien ni tengan miedo.

En estos momentos que vivimos hoy es muy fácil que tengamos miedo, son momentos difíciles, la enfermedad y la muerte andan rondando como el enemigo el diablo, la fe flaquea, es entonces cuando debemos recordar las palabras del Señor Jesucristo: en el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

Entonces que debemos hacer para que nuestra fe no falte, abrazarnos a los pies de Jesús y empuñar el arma más poderosa que tenemos, la oración. Postrarnos ante el trono de la gracia y con un corazón contrito y humillado, rogar: Padre nuestro ten misericordia de mi pecador.                                       Y el Señor Jesucristo sentado junto al trono del Altísimo intercederá por nosotros para que la gracia se derrame sobre cada uno de nosotros, nos proteja, nos cuide, nos llene de gozo y paz, como solo nuestro Dios puede dar.  

Esta pandemia es una oportunidad para dar testimonio del evangelio, una vez que se aleje la enfermedad en muchas personas quedará una sed espiritual, propicia para que el Espíritu Santo toque sus corazones y puedan llegar a los pies de Cristo.

Una vez más les saludo: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo Nuestro Salvador.

Pastor Nolberto Llaguno