La fe que vence

Abraham se levantó de madrugada y ensilló su asno. También cortó leña para el holocausto y, junto con dos de sus criados y su hijo Isaac, se encaminó hacia el lugar que Dios le había indicado. Génesis 22:3 NVI

Al comienzo de un nuevo año, todos miramos hacia adelante, y decimos que lo afrontaremos con fe. Pero, para muchos la fe no es más que un deseo de que las cosas le salgan bien. Es la esperanza de que las circunstancias se resuelvan favorablemente y que las dificultades no nos afecten demasiado.

 La fe debe ser una de las cualidades que distingue al que cree en el Señor. Existe en el pueblo de Dios, sin embargo, bastante confusión acerca de este tema. Una exhortación que escuchamos  frecuentemente en la iglesia es la de hacer las cosas con más fe, lo que delata una convicción de que la fe se refiere a manifestar en las cosas que hacemos, un mayor entusiasmo.

El versículo de hoy nos da una clara idea de que la fe es algo completamente diferente. Está repleto de acción, Abraham se levantó, ensilló, cortó leña y se encaminó a cumplir con la orden dada por Dios. Aunque lo ordenado tiraba por tierra todo lo que había recibido por promesa. Yo hubiera discutido, pero Señor como me pides sacrificar a mi hijo. En cambio Abraham nos muestra que la fe es una convicción profunda en la fidelidad de Dios, que conduce indefectiblemente a la acción y la obediencia. Es la certeza de que, no importa cuán contradictorias y difíciles sean las circunstancias, Dios no se verá limitado en su propósito de cumplir su Palabra.

En medio de lo que podemos llamar una profunda crisis, Abraham proclama su fe, ante la pregunta de Isaac “El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios” (versículo 8). Estos son tiempos en los cuales nos encontramos constantemente rodeado de crisis, tiempos difíciles. Preguntémonos: ¿Con cuánta frecuencia me siento profundamente incomodo por la Palabra de Dios? ¿Qué reacciones producen en mí las demandas de Dios que me desafían a la obediencia «ciega»? ¿Qué cosas puedo hacer para que en mi vida haya menos vacilación y mayor acción?

¡Qué nuestras vidas puedan ser caracterizadas por una abundancia de acciones en obediencia!

Pastor  Nolberto Llaguno[1]


[1] Basado en, Alza tus ojos. Shaw, C. (2005). San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.