NO HAY OTRO EVANGELIO

  No Hay otro evangelio, sino el de la salvación en Cristo, crucificado, resucitado y ascendido en gloria.

Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. (Gálatas 1:6-7)

En nuestro tiempo la predicación del Evangelio de Jesucristo ha perdido preponderancia en los púlpitos, han aparecido “otros evangelios”.

La predicación se ha apartado de la salvación  en Cristo, se habla poco de la cruz  y se ha vuelto cada vez más humanista, predominando la satisfacción de las necesidades humanas. Apareciendo así, “el evangelio de la satisfacción”, “el evangelio de los milagros de sanidad”, “el evangelio de la prosperidad” y otros; ha quedado relegado el pecador necesitado de arrepentimiento y perdón por medio de la fe en el sacrificio de Cristo, en el  monte Calvario.

Hoy muchos ministros llaman a la gente a formar parte de sus congregaciones, a ser miembro de la iglesia tal o la iglesia cual, en donde los nombres puestos en la fachada de los templos busca ser un ”buen producto de marketing”, un llamador en busca de la gente, para decirle lo que ellos quieren escuchar. Generalmente la gente de nuestro tiempo no le gusta oír que la salvación también implica santidad, que la vida eterna es una nueva vida, apartada de “todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida,”.(1Juan 2:15-16). Que la relación con el mundo del cual provenimos debe  cambiar, y que tenemos que actuar según la voluntad de Dios. A la gente no le cae bien que se le hable de la cruz de Cristo.

Desde los púlpitos cada vez  se escucha menos “arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2 y 4:7), de ellos se llama a las multitudes a gozarse en la alabanza, a buscar a Dios por las bendiciones que han de recibir, bendiciones materiales y físicas. Poco se habla de pecado, de almas perdidas cuya mayor necesidad es la salvación por medio de la sangre derramada en la cruz por Jesucristo, poco se habla de los pecadores condenados al infierno por la eternidad, a menos que reciban la gracia de Dios con su plan de salvación. El apóstol Pablo le decía a los romanos “Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos. 6:23) Es más aceptable la vida eterna recibida como dádiva que como la satisfacción de la Justicia de Dios en su  Hijo Jesucristo. No es bien aceptado que somos culpables por nuestros pecados, condenados por la justicia de Dios pero redimidos por el sacrificio de Cristo.

Hoy le llamamos a que acepte el sacrificio redentor de Cristo Jesús, que pagó la pena de nuestra condena. Le llamamos a creer que Él resucitó y está a la diestra del Padre intercediendo por nosotros. Le invitamos a que lo haga Señor de su vida.

Pastor Nolberto Llaguno

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